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21 de Febrero 2013
Arquitectos de sí mismos

 

  

Hoy queremos compartir con vosotros el reportaje " Arquitectos de sí mismos" tenemos la suerte de estar presentes con Frank Gehry y su obra el Hotel Marqués de Riscal, lo publica la Revista Arquitectura y Diseño

   


 

 

 Esperamos que os guste tanto como a nosotros!!  Y teneis la suerte de tener esta artículo en primicia, puesto que la revista sale hoy a la venta. 

   

 

ARQUITECTOS DE SÍ MISMOS

 Por Anatxu Zabalbeascoa

 

El crítico de The New York Review of Books, Martin Filler, construye en un nuevo libro, La arquitectura moderna y sus creadores, una panorámica del oficio alejada de los planos y concentrada en las intrigas. Así, un Le Corbusier que no se conformaba con ser el Picasso de la arquitectura y un Frank Lloyd Wright que “desde el principio hasta el fin vivió como un dios: un actor sobre el cual era imposible actuar”

 

 

Le Corbusier

Más que un Picasso de la arquitectura

Apesar de que se planteó rehacer el arte de la construcción y de que tuvo una brillante etapa heroica, otra brutalista y otra purista, Charles Édouard Jeanneret (1887-1965), no se conformaba con ser el Picasso de la arquitectura; él quería ser pintor. Autor de 38 libros y de algunos de los edificios más famosos del siglo xx (de la Villa Saboya a la Capilla de Ronchamp o la Unité d’habitation de Marsella) defendió que la simplicidad no equivalía a pobreza, sino a pureza. Idolatró los procesos industriales, pero empleó mano de obra artesanal. Combinando lo intelectual, lo intuitivo, lo tecnológico y lo artesanal desarrolló lenguajes formales a partir de elementos modestos. 

Y dejó huella en países pobres gracias a la capacidad simbólica de su obra y a la abundante mano de obra barata. En 1940 rompió con sus socios Charlotte Perriand y Pierre Jeanneret –que se unieron a la Resistencia– para apoyar al gobierno colaboracionista de Vichy. Que el mayor arquitecto del siglo xx diera este paso para tratar de obtener encargos retrata,también,  a la arquitectura como disciplina. 

 

   


 
 

  Vida de estudio. Dos momentos de su carrera. Dibujo La main ouverte (1954). 

 

 

  

Alvar Aalto

Autor monumental, Espía ocasional 

 


 

 

                                                                                Fachada del Ayuntamiento de Helsinki.  Butaca Paimino. 

   

 

En plena era industrial, el finlandés Alvar Aalto (1898-1976) defendía que “el modelo más importante de la arquitectura es la naturaleza y no la máquina”. Filler sostiene que la duda fue la facultad más valiosa de este arquitecto. Su arquitectura, monumental y sin embargo íntima, es también práctica y simbólica. Repiensa la idea de la modernidad y del lujo, relacionándolos con la luz y los espacios más que con los acabados materiales. “Creo que el peor enemigo es el formalismo moderno, en el que predominan elementos inhumanos.

La verdadera arquitectura pone al hombre en el centro”, escribió el autor de la Villa Mairea y el ayuntamiento de Säynätsao. Sin embargo, también Aalto aceptó colaborar con los fascistas. En 1943 viajó a Alemania invitado por Alber Speer, el arquitecto de la corte de Hitler. En una cena alabó el Mein Kampf del líder nazi por decir que la arquitectura era el rey de las artes y la música, la reina. 

   

 

Mies van der Rohe

 Firmando a favor de los nazis 

Autodidacta, Mies van der Rohe (Aquisgrán, 1886-Chicago, 1969) era hijo de un cantero muy religioso. Lejos de ocuparse de la empresa familiar terminó siendo arquitecto. Y ateo. Eso sí, inyectó nobleza a su apellido añadiéndole el “van der” holandés. En plena época de desarrollo industrial fue de los primeros en advertir que el exceso de mobiliario impide el verdadero confort. Pero esa enseñanza del menos es más fue de las pocas cosas que este arquitecto cartesiano pareció tener claro. Tardó en emigrar a Estados Unidos y firmó un monumento para la filósofa marxista, de origen judío, Rosa Luxemburgo. Sin embargo, fue también cómplice del régimen de Hitler y junto a otros artistas, como el pintor Emil Nolde o el escultor Georg Kolbe (autor de la escultura del pabellón Mies van der Rohe de Barcelona), apoyó la candidatura del führer a las fraudulentas elecciones de 1934 en el periódico oficial nazi Völkischer Beobachter. Esa ambigüedad la trasladó Mies a su propia vida y, paradójicamente, también a su obra. Defendió un modelo universal de espacios diáfanos, edificios funcionales y económicos, y geometrías simples. Pero la proporción, el interés obsesivo por los detalles y la intuición para los contrastes marcados (entre esculturas orgánicas y geometrías simples, entre entornos bucólicos y volúmenes industriales) que él ideaba no eran fáciles de imitar. “Su arquitectura terminó embotando la sensibilidad en lugar de avivarla”, explica Filler. La simplicidad puede ser un medio para alcanzar la pureza espiritual, pero también conduce a la pobreza visual. “Ten cuidado con la improvisación”, previno Mies a un alumno. Seguir esa norma fue, sin embargo, acaso la mayor equivocación de este arquitecto que terminó acartonado no en sus trabajos, sino en los que a partir de los modelos de sus edificios hicieron sus epígonos. Muchos promotores no valoraron el minimalismo por su elegancia, sino porque veían una oportunidad de edificar a bajo coste con una mayor rentabilidad. 

  

Éxito. La casa Farnsworth, debajo, es una de las obras icónicas de Mies y el súmmum de su “Menos es más”. A la izquierda, butaca Barcelona, diseñada para el pabellón de la Exposición Universal de 1929, que produce Knoll.

  

 

 



Frank O. Gehry

Cultivando la versión del arquitecto incomprendido 

  

Frank Owen Goldberg resistió la tentación del dinero. La clave en la ascensión del canadiense Frank Gehry (Toronto, 1929) está en la renuncia al camino habitual que siguen en Estados Unidos los arquitectos para alcanzar el éxito: instalarse en un estudio grande para recibir encargos grandes, al margen de las posibilidades creativas que estos ofrezcan, para alcanzar enriquecimiento y prestigio. Gehry supo esperar su oportunidad.  Y la encontró en una ciudad que quería despertar. Como el propio Gehry, Bilbao renació con el Guggenheim. Con todo ese tiempo de espera, el arquitecto tuvo años para practicar sus juegos plásticos con mallas de gallinero en su propia vivienda de Santa Mónica: el verdadero laboratorio en el que se lanzó a experimentar juegos plásticos y materiales. Para cuando llegó a Bilbao, los materiales tenían otras calidades y los trabajos vacilantes de la primera época escultórica se habían vuelto desenvueltos, nunca violentos ni desorientadores. “Yo no necesito, como Peter Eisenman, torturar a los usuarios del edificio."

 

 

  Éxito. Boceto e imagen de las Bodegas Marqués de Riscal en Elciego (La Rioja).

 

 

Richard Meier

La autoparodia hasta el agotamiento 

 Para Martin Filler, Richard Meier (1934) “evita todos los peligros que acarrea progresar”. En el interior de muchos de sus edificios blancos son indispensables las gafas de sol. Y sus trabajos son “hábiles variaciones de los temas puristas propuestos por Le Corbusier en los años veinte”.

 
Su museo Getty Center de Los Ángeles es “una especie de versión abreviada de sus obras completas. Los autoplagios de Meier no tendrían importancia si los múltiples elementos del Getty formaran un todo convincente”.
 
¿Puede un arquitecto arruinar su reputación con su proyecto mayor dotado con el mejor presupuesto? Ese es, para Filler, el caso del autor del MACBA de Barcelona. Atrás quedaron las viviendas modernas levantadas como galerías de arte ideadas por un proyectista que se inició montando exposiciones y se consolidó construyendo museos. Al igual que una retrospectiva puede dañar el prestigio de un pintor cuyas obras se aprecian mejor individualmente, la Fundación Getty ha demostrado que “el viejo repertorio de trucos de Meier no podía dar ya ideas originales”.

 



 

  Todo al blanco. Retrato del arquitecto en su juventud frente a su célebre Smith House (1961), en Connecticut, que se ve completa en la otra imagen en color.

 

     

Philipp Johnson

El gran fagocitador de ideas

 


 

La mejor descripción de Philip Johnson (1906-2005) la hizo él mismo: “Soy una puta”. Historiador culto, se apropió de las ideas de otros y no dudó en recurrir a la provocación para aumentar su popularidad, aunque fuera denigrándose en público, como en su célebre autopresentación. El autor de la casa de cristal en New Canaan (Connecticut) terminó su propia vivienda antes de que su maestro, Mies van der Rohe, pudiera concluir la célebre Farnsworth en Plano, Illinois. Tras estudiar filología y filosofía, con 35 años comenzó arquitectura en Harvard. Y dirigió el departamento de arquitectura del MoMA. Desde allí impulsó la carrera de vanguardistas como Gehry o Eisenman, pero también silenció al mejor arquitecto de su tiempo: Louis Kahn. Como proyectista “no le costó el menor trabajo desprenderse de un estilo y adoptar otro según los gustos cambiantes del público” y “ocupó una posición marginal hasta que hizo sus primeros edificios de gran altura, un ejemplo de la espléndida vacuidad de la arquitectura norteamericana reciente”, escribe Filler. También cita a Johnson escribiendo “los nazis fueron mejores que Roosevelt, pero no tengo tiempo de demostrarlo”. No fue su único gesto antisemita. En el expediente que el FBI tenía sobre él describía los uniformes de los alemanes: “daban un aspecto alegre al lugar. Vimos cómo quemaban Varsovia. Fue un espectáculo emocionante”.

 

 

Y en 1939 hablaba en el periódico estadounidense The Examiner de Hitler y sus ideas como de algo tan simple como trascendental: “Se trata del mito de ‘nosotros, los mejores’ que encontramos, más o menos, en todas las culturas vigorosas”. El pasado filonazi de Johnson se silenció hasta que Michael Sorkin tuvo el valor de desvelarlo en 1988. Pero justo es reconocer que pidió perdón. También que fue generoso. Al MoMA, que tanto poder le dio, donó buena parte de la colección que perspicazmente atesoró aconsejado por su pareja durante 45 años, el conservador David Whitney que murió, con 66 años, cinco meses después que Johnson. 

      

Renzo Piano

Uno de los pocos Gentlemans de la profesión  

Renzo Piano, que este otoño cumplirá setenta años, dio satisfacción a la vez a su vocación artística y a las expectativas de su padre, que era constructor. Esa síntesis resume la arquitectura de este genovés elegante que, a diferencia de buena parte de sus colegas, no ha tenido inconveniente en reconocer el papel de sus mentores, sobre todo del francés Jean Prouvé, un tipo que manejaba con igual soltura el mobiliario, las viviendas prefabricadas o los grandes edificios. Filler revela que Piano no quiso tratos con Philip Johnson, al que llamaba el padrino de la arquitectura norteamericana. Curiosamente, ha sido uno de los arquitectos europeos que más ha construido en Estados Unidos. En Houston, Texas, levantó el exquisito museo Menil, una galería en los antípodas del Centro Pompidou que había construido con Richard Rogers en el centro de París. Tras la estela de este trabajo, Piano intentó que sus sucesivos centros de arte (la Fundación Beyeler cerca de Basilea, el Centro Cultural Tjibaou en Nueva Caledonia o la Galería Cy Twombly, encargada también por De Menil) abundaran en la investigación de un sistema de iluminación cenital. Ese detalle –combinar tecnología con luz e ingenio con sutileza– retrata a un arquitecto capaz de manejar un velero que, tras construir el aeropuerto de Osaka, levanta rascacielos por medio mundo. Comenzó en Times Square, con el edificio para el New York Times, y hoy los levanta en Corea del Sur. En Londres acaba de inaugurar The Shard, la torre que, al menos durante unos meses, ostentará el título de ser la más alta de Europa. Todo eso lo ha conseguido sin perder nunca las formas. Y sin dejar de investigar, como cuando de joven trabajaba para la Unesco ideando prototipos de viviendas de emergencia. Piano empezó por lo más duro. Tal vez por eso ha aprendido a no pelearse con nadie, no perder la calma ni la sonrisa. 

    


 

 

 Elegante. Arriba, Centro Cultural Jean Marie Tjibau, en Noumea (1998), suma de tecnología y tradición. Debajo, Biosfera en el puerto de Génova (2001).

 

 







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