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Revista Joyce - In Vino Nobilitas
 

 

In vino nobilitas

In vino veritas

 

Los franceses, siempre tan chovinistas ellos, se vanaglorian de sus grandes châteaux -château eyquem,châteauneuf-du-pape, château lafite rothschild-. Nosotros, sus ‘modestos’ vecinos, no nos quedamos atrás ni en calidad de vinos ni en linaje aristocrático. Sirvan como prueba tres de nuestros más conocidos y valorados ‘marqueses’, no sólo por la estirpe de sus propietarios sino por la excelencia de sus caldos.

 

A los tres les une La Rioja. Comparten fama y reconocimiento internacional y curiosamente los tres han tenido mucho que ver con Francia. Si bien uno de ellos llegó a la nobleza por el vino, los otros dos ya eran de noble cuna antes de implicarse en territorios enológicos y de plasmar sus títulos en una botella de cristal. Detalle que constata el glamour aristocrático que el vino tuvo históricamente en nuestro país. Lo cierto es que no deja de ser loable y romántico comprobar cómo en el siglo XIX de esta España nuestra, se conseguía un marquesado por hacer buen vino. Coincidirán conmigo en que resulta mucho más interesante alcanzar títulos por estas lúdicas hazañas que por guerrear contra el infiel sarraceno, por ejemplo. Es el caso de Don Luciano de Murrieta, nacido en Perú en 1922 y afincado en Londres, militar de alta graduación, gran amigo del general Espartero, que se familiarizó con la tierra riojana y adquirió una gran finca a las afueras de la ciudad de Logroño de nombre Ygay. Un hombre sensible Don Luciano que, al contemplar cómo el vino de la zona se utilizaba para hacer mortero –no se envejecía- decidió ir a la gran universidad de vino, Francia, para aprender los buenos usos que allí hacían y copiarlos en las tierras riojanas de su amigo Espartero. En 1852 fundó la Bodega Marqués de Murrieta. Amadeo de Saboya, a la sazón efímero y culto rey de España, le otorgó el título por su gran labor en pro de la modernización del vino riojano. Desde entonces, la bodega estuvo en manos de sus descendientes hasta que fue adquirida a finales de los años noventa del siglo XX por el inolvidable empresario Vicente Cebrián, Conde de Creixell (como ven, la noblesse continúa….). Sus hijos son los actuales propietarios. Por aquellos mismos años de mediados del XIX, Don Camilo Hurtado de Amézaga, diplomático, periodista y Marqués de Riscal, afincado en Burdeos y dedicado a negocios de bolsa, fue comandado por la Diputación Foral de Álava para que contratase a un buen enólogo en tierras francesas. Lo necesitaban en Álava para que enseñara a hacer buen vino a aquellos riojanos de entonces. Poco después, el mismo Don Camilo creó su propia bodega, Marqués de Riscal, que continúa en manos de sus descendientes. El título de Marqués de Riscal fue concedido a sus antepasados por el Rey Felipe V en 1708. Y a Francia llegó en 1936 ya en pleno siglo XX y por motivos de la Guerra Civil Española Enrique Forner, empresario valenciano. Allí se dedicó al comercio del vino y no tardó en comprar dos Châteaux (bodegas) en Burdeos.

Volvió a España en los 70 con una idea fija: adaptar sus conocimientos y criterios de calidad a la realidad vitivinícola de La Rioja. Eligió Cenicero para crear su bodega, Marqués de Cáceres, con el asesoramiento de Emile Peynaud. El título es de un gran amigo y socio, Vicente Noguera y Espinosa de los Monteros, VII Marqués de Cáceres, concedido a sus antepasados por el rey de Nápoles, Carlos VII. Su hijo Juan Noguera y Merle es el actual Marqués de Cáceres, y la hija de Don Enrique, fallecido hace dos años, Cristina Forner, es la presidenta de la bodega. Y la nobleza continúa. Les presentamos las últimas cosechas de algunas de las marcas de las tres emblemáticas firmas. Marqués de Cáceres Crianza 2009. Bodegas Marqués de Cáceres. Cenicero. La Rioja. (www.marquesdecaceres.com) Con un protagonismo de la uva tempranillo, la reina riojana, 12 meses de crianza en roble y un año en botella.

Un tinto que conecta con todos los públicos en edad legal de beber. Uno de los vinos más exportados y asimismo de gran consumo nacional. Es el hermano pequeño de la amplia familia. Nunca falla Marqués de Riscal Reserva 2008. Bodegas de los Herederos del Marqués de Riscal. Elciego. Álava. (www.marquesderiscal.com). La tempranillo también protagoniza este reserva, con más tiempo en barrica, 25 meses, como manda su categoría de reserva, y un año mínimo en botella. Un buen cuerpo sano y musculoso, sutilmente perfumado de vainilla por su crianza en roble. Marqués de Murrieta Reserva 2007. Bodegas Marqués de Murrieta. Logroño (www.marquesdemurrieta.com). Conjunción de clasicismo y modernidad, nervio y equilibrio. Profundidad de alma riojana en vestido del siglo XXI. Casi dos años en barrica de roble y otros dos años más en botella consiguen la complejidad de este tinto reserva que también, como es lógico, está protagonizado por la uva tempranillo, acompañada de las otras tres clásicas riojanas: garnacha, mazuelo y graciano, como no podía ser menos.

 

Texto por: Paz Ivison. Fotografía: Anne House.

 
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