19 noviembre 2020

Arte y Vino

 

Text: Mª E. Alberti

Imagen: Ana Busto

El vino, inspiración y fuerza motriz del arte y los artistas desde que el mundo es mundo y el homo, además de sapiens, fue hedonista. Los dos son el fruto de la sensibilidad, la inteligencia y la pasión de los humanos. Vivir sin arte y sin vino solo es imaginable en una sociedad de infinita tristeza, pero imposible en un mundo que habla a nuestros sentidos, nuestras emociones, nuestra intuición y nuestro intelecto. En un mundo como este nadie puede pasar sin arte y raramente sin vino. 

Entendidos y amantes del arte y de los buenos caldos comparten una misma exigencia: no toleran ni lo amateur ni la improvisación, ni en un cuadro ni en un vino de autor. Una pintura, escultura, una sinfonía, un ensayo, una película, se apreciará más intensamente en compañía de un buen vino, porque degustar recreándose en una obra de arte es alcanzar la perfecta armonía. 

No es extraño entonces ese fenómeno cultural de las bodegas más prestigiosas del planeta de Burdeos a California y, por supuesto, que las regiones vitivinícolas de nuestro país rivalicen en arquitectura y escultura de los más prestigiosos artistas convirtiendo sus bodegas en auténticas casas de cultura como Marqués de Riscal, que deslumbra a propios y extraños con su conjunto de hotel y bodegas de Frank Gehry, tan reputado como sus grandes reservas. 

Allí en Rioja se celebran exposiciones, se presentan colecciones permanentes, encuentros culturales, una copa de vino entre amigos después de una primicia en una galería cuando los comentarios surgen espontáneos y afinados, las opiniones enriquecen y la cordialidad caldea el ambiente. 

¿Qué mejor elección que este tinto Finca Torrea de viejas variedades de uvas tempranillo y graciano procedentes de la finca del mismo nombre donde Marqués de Riscal tiene instalada su bodega en la Rioja alavesa. Un vino de perfil y estilo moderno, vanguardista empezando por su etiqueta, inspirada en los planos parcelarios del maestro Frank Gehry. Un vino joven, de paladar menos balsámico que los clásicos de la casa y que une una gran elegancia aromática y un talante afrutado. El año 2015 fue especialmente propicio, más cálido de lo normal y con lluvias oportunas antes de la vendimia. ¿Qué mejor cómplice para cultivar ese gran arte que es el arte de vivir?